mondorinólogos.

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Equilibrio entre flores y espinas

Qué grandes somos

30 Abril 2008

El Departament de Cultura i Mitjans de Comunicació de la Generalitat de Catalunya ha puesto en marcha un nuevo plan de fomento de la lectura. Este plan cuenta con una campaña de publicidad que tiene por slogan Llegir ens fa + grans (Leer nos hace + grandes). No recuerdo el texto exacto de la campaña, pero viene a explicar que cada día leemos el equivalente a cuatro páginas de un libro, entre rótulos de comercios, señales de tráfico, nombres de calles… Me gusta este concepto. Porque, seamos sinceros, ¿quién no le ha echado un ojo nunca a la etiqueta del bote de champú cuando está en el baño? Todos, queramos o no, somos lectores. El hábito de la lectura ya lo tenemos; la cuestión es elegir el contenido adecuado.

Este plan de fomento incluye numerosas actividades dirigidas a todos los públicos: repartir libritos con extractos o primeros capítulos de novedades editoriales en los transportes públicos, regalar suscripciones a diarios o revistas a jóvenes de 18 años, promover el intercambio de libros en las principales estaciones del Metro de Barcelona… A esto último quería yo llegar.

Lo cierto es que la iniciativa se merecería una Flor: la idea era que cualquiera podía coger un libro de las estanterías habilitadas para la ocasión y dejar otro suyo a cambio en el mismo lugar. Si le doy un Espina es porque, por lo que he leído en un artículo, a los dos días de comenzar la acción (eso fue la semana pasada, coincidiendo con Sant Jordi) ya no quedaban libros en las estanterías. La gente no entendió el sistema… o no quiso entenderlo. Esperemos que al menos hayan leído esos libros. Que no los hayan colocado directamente en sus propias estanterías, para llenar un hueco o decorar.

Yo no soy de Facebook

28 Abril 2008

¿Recordáis Titanic, la película de James Cameron? Fue todo un fenómeno cuando se estrenó. No sé cuántos espectadores tuvo, pero recaudó más de 1.800 millones de dólares y pasó a ser el film más taquillero de la historia.

Os estaréis preguntando a qué viene esta introducción si el título del post habla de Facebook, ¿verdad? Ahí va la relación: cuando se estrenó Titanic, me negué a verla. Todos me hablaban de ella, pero aun así me resistí a ir al cine porque me daba una pereza enorme ver al DiCaprio y a la Winslet en una superproducción que imaginaba plagada de efectos especiales y canciones cursis. Y algo similar me ocurre ahora con Facebook: todo el mundo pertenece a ese club virtual, tiene amigos allí con los que intercambia información o sabe Dios a qué se dedican. Y por mucho que insistan en que me apunte, yo me niego.

Vaya por delante que no tengo nada contra las vías de comunicación virtuales. Cómo iba a tenerlo, ¡si escribo en un blog! Pero los clubs virtuales me dan pereza; o mejor dicho, algunos clubs. Me parecen geniales las redes sociales cuando ayudan a poner en contacto a personas que viven alejadas y quieren compartir una afición o conocimientos profesionales. De hecho, dicen que son este tipo de redes sociales especializadas las que triunfan: las que reúnen a fans de series, amantes de las catas de vino, dueños de mascotas… Incluso leí hace tiempo que Spielberg estaba preparando una red social en la que compartir experiencias paranormales.

En esos casos, nada que objetar. Pero no me convencen las redes sociales cuando sustituyen el contacto cara a cara. Que amigos que viven a 15 minutos se acostumbren a entrar en la red para dejar por escrito las novedades de su vida o colgar las fotos del fin de semana, en vez de citarse en un bar, tomarse algo juntos y echarse unas risas: eso es lo que no me gusta. Será más cómodo, pero mucho más impersonal. 

Unas amigas han creado un club de lectura recientemente. Cuando me lo comentaron, me apunté sin dudarlo. Es una forma de obligarme a leer con regularidad, conocer varios puntos de vista sobre una misma lectura, descubrir libros que quizás yo no hubiera elegido nunca… Claro que todo eso podríamos hacerlo a través de mails. Lo que da encanto a la idea del club es el hecho de reunirse en un pequeño bar, una tarde de domingo al mes, y comentar el libro de turno ante una taza de té. Por lo visto, los clubs de lectura están de moda en Barcelona: puede que la literatura sea más que nada una excusa para reunirse…

No descarto que en el futuro baje del burro y me apunte a Facebook. Al fin y al cabo, acabé cediendo con Titanic y un buen día la vi por televisión. (Se confirmaron mis sospechas: la película no me gustó un pelo.) Quién sabe. Por el momento, me quedo con el club de lectura y el contacto con amigos de carne y hueso.

Guerrilla de jardín

25 Abril 2008

Son una auténtica guerrilla, sí. Actúan siempre con premeditación y alevosía; por lo general, también con nocturnidad. Defienden sus ideales aunque eso suponga saltarse las normativas de su comunidad. Luchan por un entorno más ecológico en plena ciudad, y lo hacen con las armas adecuadas: plantas, rastrillos y regaderas.

La Guerrilla Jardinera se dedica a crear zonas verdes en ámbitos urbanos. Sus miembros son siempre voluntarios, gente con conocimientos profesionales de jardinería o simples aficionados preocupados por el medio ambiente. Cuentan con grupos en varios puntos del planeta y son especialmente activos en Londres, Berlín o Nueva York.

Su modus operandi es el siguiente. Seleccionan su objetivo: solares abandonados, cunetas de carretera o cualquier espacio (grande o pequeño; aquí el tamaño no importa) susceptible de convertirse en un parterre o un jardín. Estudian qué conviene plantar en ese espacio y se hacen con el material necesario. Avisan a cuanta más gente mejor: amigos dispuestos a participar en la acción, vecinos con ganas de echar una mano, incluso medios de comunicación que puedan apoyar la iniciativa. Se plantan en el lugar del delito (chiste fácil lo de plantarse, soy consciente de ello) y se ponen manos a la obra. Cuando terminan, recogen los desperdicios para dejarlo todo limpio y ordenado. Y se ponen a planificar la siguiente acción.

En la web de la guerrilla londinense encontraréis un blog con detalles y fotos de sus acciones. También podéis visitar la web del Clinton Community Garden, un jardín creado hace ya 20 años en un solar abandonado de Nueva York. Está siempre abierto al público y acoge todo tipo de actividades, desde picnics al son de un cuarteto de cuerda hasta seminarios de jardinería o fiestas de cumpleaños.

Yo también quiero sentirme un poco guerrillera en este blog, así que voy a plantar una flor. La foto es de xoandi: ¡gracias!

 

 

El becario

21 Abril 2008

Ahí va un cuento escrito y olvidado hace tiempo que acabo de rescatar:

 

El becario

La playa reclamaba atención: una luz roja se encendió en el supremo panel de control indicando que algo fallaba en aquella zona. El Becario observó la inmensa maqueta divina que reproducía la bola del mundo en busca de la nueva emergencia, la tercera en diez minutos. Primero fue un dominguero, a punto de provocar un incendio en el terreno de sus suegros por su poca maña con la barbacoa. Poco después, un autocar repleto de jubilados amenazaba con averiarse en el tramo más desolado de una carretera local. Ahora dos guiris sedientos de sol corrían el riesgo de mutar de gambas frescas a pescaíto frito al quedarse dormidos sobre la arena. No estaba mal para su primer día de trabajo. Y se suponía que en verano nunca pasaba nada.

Otra lucecita cobró vida en aquel panel del demonio. Dicen que los ángeles no tienen sexo, aunque el Becario notó cómo se le ponían por corbata las bolas celestiales. Tenía que actuar cuanto antes para evitar alguna de aquellas tragedias pero no conocía el orden de prioridades. Y el Jefe, de vacaciones donde Cristo perdió el gorro y con el bendito móvil fuera de cobertura. Si al menos le hubiera dejado el todopoderoso manual de instrucciones…

Resignado, cerró los ojos y comenzó a mover el dedo en círculos etéreos. Elegiré un punto a ciegas; a quien le toque será al que salve, se dijo. Y que sea lo que Dios quiera.

The grumpy gardener

17 Abril 2008

He aquí una aventurera en toda regla: Anna Genover. Una aventurera de las mías, las que de niñas soñábamos con protagonizar mil historias fantásticas imitando a nuestros héroes literarios. Y que, cuando crecimos, tuvimos la suerte de descubrir que podíamos seguir viviendo esas historias si nosotras mismas las plasmábamos sobre el papel…

Anna acaba de publicar su primera novela infantil: The grumpy gardener. Una aventura ecológica en la que una niña y una ardilla tendrán que luchar contra un terrible enemigo, el Cambio Climático. Tenéis toda la información sobre la novela en su web.

No perdáis de vista a esta escritora porque dará mucho que hablar, estoy segura. Su segunda novela, El broc màgic, ya está también en camino… Felicitats i molta sort, Anna!

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