16 Septiembre 2008
Ésta es la historia de un niño que pretendía domar el viento. “¿Estás loco?”, le decían en el pueblo, “nadie puede domar el viento”. El niño no les hacía caso: quería que el viento silbara una melodía compuesta por él y estaba decidido a enseñársela. Así que, cada día, el aprendiz de domador se plantaba ante el viento y silbaba su melodía una y otra vez, a ver si así conseguía que éste se la aprendiera de memoria. Claro que el viento, que era un espíritu libre, no atendía a las lecciones del niño; en vez de eso, hacía travesuras con él. Le enredaba el pelo, agitaba el polvo a su alrededor, le hacía cosquillas en la nariz… “Déjalo estar”, le decían en el pueblo, “nadie puede domar el viento”. Pero el niño no se daba por vencido. Seguía silbando su melodía al viento una y otra vez. Hasta que un día, por fin, el viento se la aprendió y la repitió. Nadie en el pueblo volvió a cuestionar las dotes del niño como domador.
Este minicuento está basado en hechos reales: la historia de William Kamkwmamba, un adolescente de Malawi que construyó un molino de viento con la única ayuda de un libro de texto y materiales reciclados. Para cualquier chico del “Primer Mundo” no habría sido más que un simple juego; para William fue toda una hazaña que permitió a su pueblo acceder a la electricidad. Y lo primero que hizo el chico al conseguir electricidad fue dar vida a una pequeña radio que emitía canciones tradicionales.
Podéis leer la historia completa en elpais.com o verla en el documental Moving Windmills. Atención sobre todo a las imágenes del vídeo con las reacciones de William en su primer viaje a Nueva York. Realmente preciosas. Lo mismo que la escena en la que visita un campo de molinos de viento de última tecnología y comparte vivencias con un experto en el tema.
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11 Agosto 2008
Versión A:
Tiene delito la cosa: levantarse a toque de despertador en pleno mes de agosto. Qué importa si la música a todo decibelio del bar de la esquina y la ola de calor africano se confabularon anoche para evitar que durmieras. Hoy toca bajar temprano a la playa para plantar la sombrilla; un leve retraso y despídete de encontrar un milímetro de arena libre. Todo sea por los niños, piensas, porque a ti ni siquiera te gusta la playa. Te has llevado un libro para aliviar la penitencia, pero se te cierran los ojos en cuanto intentas leer unas líneas. Decides ir a darte un chapuzoncito, a ver si se te reanimas. Mucho te debe de haber afectado el calor porque crees ver al mismísimo dios Neptuno, con su larga barba, montado en una barquita camino a la orilla. Te sumerges en el agua para ahogar esa visión y después vuelves a tu toalla. Los niños se han empeñado en jugar a pelota, pero a ti no hay quien te mueva de tu refugio a la sombra. Coges el libro e intentas leer un poco más. De nuevo te ataca la dichosa somnolencia… Entre sueños, oyes un carraspeo. Abres los ojos lo justo para ver a Neptuno plantado ante ti. “Está muy bien eso de leer en la playa”, te dice. Y te regala una visera como premio. Le das las gracias sin saber aún si lo estás soñando o es que sufres alucinaciones a causa de una insolación. Maldita playa. Qué ganas tienes de acabar agosto.
Versión B:
Qué ganas tienes de acabar agosto. No llevas nada bien eso de madrugar para ir a trabajar sabiendo que todo el universo anda de vacaciones. Qué importa si anoche hacía tantísimo calor que tuviste que bajar al bar de la esquina a tomar algo fresquito; a tu jefe no le conmoverá la historia de tu insomnio si llegas tarde. No te queda más remedio que disfrazarte de Neptuno, aguantar el calor estoicamente e ignorar las ganas de rascarte aunque la barba te pique horrores. El vaivén de la barquita que te lleva a la playa en la que trabajas hoy no mejora las cosas: vas a arrastrar esa somnolencia toda la mañana… Saltas a la orilla ignorando las miradas sorprendidas de los bañistas. Tu objetivo es encontrar un lector entre tanto ocioso. Caminas entre el overbooking de toallas y sombrillas, arrastrando tu túnica por la arena, esquivando a unos críos que juegan a pelota. Por fin divisas a alguien con un libro entre las manos. No se puede decir que esté leyendo porque dormita bajo una sombrilla, pero ya te sirve. Te acercas y carraspeas sonoramente para que sepa que estás allí. Cuando entreabre los ojos para mirarte, le felicitas y le regalas una visera. No entiendes sus balbuceos amodorrados pero intuyes que te ha dado las gracias justo antes de dormirse de nuevo. Y tú, a seguir trabajando. Tiene delito la cosa.
[ Inspirado en una noticia de elpais.com sobre la campaña Lee en la playa. ]
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17 Julio 2008
Acabo de actualizar la sección infantil de mondorino y he tenido que eliminar las referencias a Cavall Fort por falta de espacio. Así que aprovecho para recuperar en este post todos los artículos que he escrito para esta revista y que se pueden encontrar online (en catalán):
- La Bressola: Trenta anys ensenyant en català.
- Xirriquiteula: Una altra manera d’entendre el teatre.
- CRARC: Visita al món dels amfibis i els rèptils.
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7 Julio 2008
El viernes pasado tuvo lugar la presentación oficial de Secret, secret!, el cuento infantil que Gina Portillo (en los dibujos) y yo (en las palabras) hemos escrito por encargo para el Ajuntament de Premià de Mar. Una vez dejados atrás los nervios y la vergüenza lógicos de dos novatas en su primer acto público, ha llegado el momento de presentaros nuestro cuento.
Secret, secret! es el segundo título de la colección Primília Contes, una iniciativa de la Regidoria de Cultura de Premià de Mar para dar a conocer el patrimonio de la localidad a sus habitantes, especialmente a los más pequeños. La regidoria publica cada año un cuento infantil que explica alguno de los aspectos más representativos de la ciudad: si el año pasado fue la historia de piratas que sirve de guía a la fiesta mayor, este año le ha tocado el turno a la villa romana de Premià de Mar, un hallazgo arqueológico de gran importancia.
El subtítulo de nuestro cuento es L’horta Farrerons té un secret, y aquí está la clave de todo. Los protagonistas de la historia son un niño y una huerta que guarda un secreto bajo tierra: allí tiene escondida una villa romana com hay pocas. El niño actúa como una especie de arqueólogo en miniatura y va descubriendo el tesoro escondido de la huerta. La historia pretende explicar fácilmente a los niños en qué consiste un descubrimiento arqueológico, en especial el de Premià de Mar.
Lo curioso de estos cuentos es que sus autores son siempre noveles. Del texto se encargan alumnos de la escuela de escritura del Ateneu Barcelonès (coordinados por Marta Luna, profesora de la escuela); de las ilustraciones, alumnos de ilustración de la Escola de la Dona - Espai F. Bonnemaison (bajo la coordinación de Ignasi Blanch, profesor de la escuela). Este año nos ha tocado a Gina y a mí. Y la experiencia de trabajar mano a mano en un cuento ha sido fantástica. ¡Queremos repetirla!
La librería Proa Premià ha colgado una reseña del cuento en su blog (en catalán). Os dejo también una imagen de la portada.

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12 Junio 2008
La revista infantil El Tatano (El Cavall Fort de los más pequeños) ha publicado en el número de junio un cuento mío. ¡Mi segunda criaturita! :-) Se titula Mamaaa, què faaaig? y explica la historia de una niña enferma que no sabe estarse quieta en la cama… El cuento es muy cortito. No lo han publicado en la versión online de la revista, pero si a alguien le interesa leerlo puede decírmelo y ya se lo haré llegar de alguna manera…
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