mondorinólogos.

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Equilibrio entre flores y espinas

Un día con amigos

8 November 2009

Otro artículo escrito por encargo para Cavall Fort. Esta vez se trata de una crónica sobre la fiesta que los lectores de la revista organizaron en Vic el mes pasado. Un día repleto de juegos y actividades en el que disfrutaron tanto los niños como sus padres. Lo mejor de la Festa dels Lectors: los protagonistas fueron la imaginación y la creatividad. ¡Nada de videojuegos o juguetes con pilas! Aquí tenéis la crónica (en catalán).

Todos tenemos voz

13 October 2009

Cavall Fort acaba de publicar un artículo que escribí por encargo para la revista hace unos meses. En realidad se trata de una entrevista: su protagonista es Marta Capdevila, una ilustradora sorda profunda que recientemente publicó un libro sobre su experiencia con uno de sus hijos, sordo profundo también. Me gustó conocer a Marta porque es un auténtico ejemplo de superación. “Algunos sordos no oímos, pero todos tenemos voz”, asegura ella; y yo os confirmo que su voz tienen infinidad de cosas interesantes que decir. Así que os invito a leer la entrevista (en catalán) y descubrirlas.

Té cada tarde

4 June 2009

Un cuento reencontrado que escribí hace siglos para un concurso. No recuerdo bien cuáles eran las condiciones para el texto: tenía que estar relacionado con el té, eso seguro; e intuyo que debía ser muy corto… No gané. Pero ahí queda el intento:

 

Té cada tarde

Te miro y sonrío; tú me crees atenta a tus palabras pero no estoy escuchándote. Tengo otros intereses: vigilo tus gestos, tus miradas, tus labios rozando la taza de té… Tensa, aunque tú no lo aprecies, doy sorbitos a mi café mientras fantaseo pensando que hoy por fin tendré suerte. Te sorprendería saber cuánto me divierte oírte alabar ese toque personal en el té que preparo diariamente. Tesoro, lo que estás saboreando es tu muerte. Tendré que llorar tu ausencia cuando al fin caigas, aunque a escondidas la celebre con una buena infusión, elaborada esta vez sin ningún misterioso ingrediente…

Qué ideaca

4 March 2009

Cuatro aprendices de cuentista, un taller de novela y las posibilidades que ofrece la red. Mézclense bien estos tres ingredientes y se obtendrá como resultado Qué ideaca, un blog de “palabrismos múltiples”. El objetivo es sencillo: proponer ejercicios creativos que den pie a escribir cuentos con menos de 500 palabras. El punto de partida puede ser una fotografía, un par de piezas para un puzzle o lo que se tercie, según la inspiración del proponente de turno. El blog surgió como una excusa para obligarnos a hacer práticas literarias entre clase y clase del taller. Aunque cualquiera puede participar en él, dando la cara o desde el anonimato. ¿Os atrevéis? ¡Estáis invitados! 

Observatori Fabra

28 January 2009

Cavall Fort estrena el año con una operación de cirugía estética: le han añadido varias páginas y han renovado tanto su diseño como algunas secciones. Si visitáis la web también podréis notar algunos de esos cambios, especialmente en la manera de mostrar los contenidos. Entrad a ver, por ejemplo, el artículo central del último número de la revista, que trata sobre el Observatori Fabra (en catalán). Y de paso leedlo, que lo he escrito yo. ;-)

Què vol ser la Clàudia?

23 January 2009

Os propongo un viaje al pasado. Intentad recordar vuestros tiempos mochuelos en la escuela, vuestros primeros años de clase. Aquellos días en los que vuestros únicos dilemas diarios eran sumar 2+2 sin equivocarse, elegir el color adecuado para pintar el dibujo de turno o averiguar de qué os había preparado el bocata para el desayuno vuestra madre…

¿Estáis situados ya? Pues en ese contexto se desarrolla Què vol ser la Clàudia?, mi última criaturita. Un cuento infantil que escribí hace algún tiempo y que la Editorial Andorra acaba de publicar en su colección de álbumes ilustrados. Su protagonista es Clàudia, una niña con un dilema existencial: su profesora le pide que haga un dibujo explicando qué quiere ser de mayor, pero ella quiere ser tantas cosas que no sabe por cuál decantarse. Cuando finalmente se decide por una, descubre que una no siempre puede ser lo que se propone… ¿o sí?

Què vol ser la Clàudia? se vende por ahora en librerías de Andorra, aunque bajará en breve hasta nuestras tierras. Mientras llega ese momento, os dejo la portada del cuento. Las ilustraciones (geniales, tenéis que verlas) son de Bea Ortiz.

 

 

El duende de Papá Noel

24 December 2008

Ahí va el segundo cuento infantil navideño que recuperé de mi baúl de los recuerdos. ¡Feliz Navidad!

 

El duende de Papá Noel

Esta Navidad, Gonzalo quiere una bicicleta de color rojo. Se la habría pedido a los Reyes Magos, pero les envió la carta hace varias semanas y se olvidó de incluirla en la lista de regalos. Además, Papá Noel está a punto de llegar; si le pide la bicicleta a él, la tendrá esta misma noche.

Aunque ahora Gonzalo tiene un problema: ¿cómo avisa a Papá Noel con tan poco tiempo? Quizás si grita mucho, él le oirá desde el Polo Norte…

-¡Papá Noeeel, quiero una bici de color rojooo! –grita Gonzalo.

Por si acaso no le ha oído bien (es que el Polo Norte queda muy lejos de su casa), Gonzalo vuelve a gritar, esta vez con más fuerza:

-¡¡¡PAPÁ NOEEEL, QUIERO UNA BICI DE COLOR ROJOOO!!!

-¡No grites tanto que me vas a dejar sordo! –replica una vocecita.

Gonzalo oye un ¡PUM! y, de repente, alguien aparece delante de él. Es un hombrecito en miniatura, que no debe de medir más de un palmo de alto. Viste de verde y rojo y tiene las orejas puntiagudas.

-Tú no eres Papá Noel –dice Gonzalo.

-¡Claro que no, qué tontería! Papá Noel no vendrá hasta esta noche. Yo soy un duende –contesta el hombrecito.

El Duende se presenta: es uno de los ayudantes de Papá Noel. Durante el año, trabaja en la fábrica de juguetes que Papá Noel tiene en el Polo Norte. Pero cuando queda poco para Navidad, supervisa que todos los niños se preparen como es debido para recibir la visita de Papá Noel.

-He venido a explicarte cómo debes recibir a Papá Noel esta noche. Así que vamos al grano, ¡que tengo prisa! Todavía me quedan muchísimos niños por visitar –dice el Duende.

Entonces saca una lista del bolsillo y empieza a leer con rapidez:

-En primer lugar, tienes que limpiar bien la chimenea para que Papá Noel no se manche el traje rojo cuando entre en tu casa.

-¡Pero si yo no tengo chimenea! ¡Papá Noel no podrá entrar en casa! –se asusta Gonzalo.

-Si no tienes chimenea, Papá Noel entrará por la ventana. Pero tendrás que dejar unos terroncitos de azúcar en tu ventana para que los renos que tiran del trineo encuentren el camino –le avisa el Duende.

Gonzalo no le comenta nada al Duende, pero piensa que esta noche dejará en la ventana un puñado de chocolatinas además de los terrones de azúcar. Así los renos encontrarán su casa antes que las demás.

-Después, deberás colgar tus calcetines en un lugar en el que se vean bien para que Papá Noel ponga dentro tus regalos. Si lo prefieres, puedes dejar tus zapatos cerca de la ventana –explica el Duende.

Gonzalo no le comenta nada al Duende, pero piensa que esta noche dejará los zapatos de papá cerca de la ventana. Como son más grandes que los suyos, dentro cabrán muchos regalos.

-También tendrás que preparar comida y bebida para Papá Noel. Puedes dejarle galletas, que le gustan mucho, y una copita de licor. Así Papá Noel recuperará fuerzas antes de visitar otra casa –dice el Duende.

Gonzalo no le comenta nada al Duende, pero piensa que le pedirá a mamá que prepare un pastel para Papá Noel. Seguro que le gustará más que las galletas, con lo que se pondrá contento y le dejará más regalos.

-Y lo más importante: esta noche tendrás que acostarte pronto. Si Papá Noel te sorprende despierto, pasará de largo de tu casa –advierte el Duende.

Gonzalo no le comenta nada al Duende, pero piensa que esta noche será el primero en irse a la cama.

-Muy bien, ya sabes todo lo que debes hacer -dice el Duende-. Y ahora me voy corriendo, ¡que todavía me quedan muchísimos niños por visitar!

Y antes de que Gonzalo pueda pensar nada, el Duende hace otro ¡PUM! y desaparece sin dejar rastro.

El abeto de Navidad

18 December 2008

Acabo de reencontrar un par de cuentos infantiles navideños que escribí hace tiempo. Aquí os dejo el primero: pertenece a la anterior etapa del blog. Es lo que tiene abrir el baúl de los recuerdos de vez en cuando, que descubres cosas que tenías olvidadas…

 

El abeto de Navidad

El día que Julia y sus padres fueron a comprar el abeto de Navidad, tuvieron que coger el coche. Porque Julia quería un abeto tan grande que casi tocara al techo, y sus padres pensaron que un árbol así pesaría demasiado como para llevarlo a pie hasta casa. Aunque aquello no era lo peor… Si el abeto era muy grande, ¡no cabría en el salón!

Cuando llegaron a la Feria de Navidad, Julia vio abetos por todas partes. Los había de todos los tamaños: grandes, medianos y pequeños. ¡Había tantos y tantos abetos que Julia no sabía cuál elegir!

-¡A mííí! ¡Escógeme a mííí! –gritó alguien.

A Julia le pareció que la voz salía de un abeto. Pero no podía ser, ¿verdad? Los árboles no hablan.

-¡A mííí! ¡Escógeme a mííí!

Aquella vez Julia estaba convencida: ¡era un abeto quien había hablado! Además, movía las ramitas con energía para llamar su atención. Era el abeto más pequeño de todos y casi no se le veía entre los demás. Y no sólo hablaba y se movía, sino que también tenía unos ojitos que miraban fijamente a Julia.

-¿Por qué tendría que escogerte a ti? Eres más pequeño que los otros –dijo Julia.

-¡Si lo adornas bien, un abeto pequeño puede ser tan bonito como uno grande! Escógeme a mí y te explicaré un montón de historias sobre la Navidad –propuso el Abeto.

-¿Y cómo sé que no me estás engañando? –preguntó Julia.

-Puedo explicarte una historia ahora mismo –sugirió el Abeto.

Y empezó a explicar esta historia. Hace mucho tiempo, había un monje británico que quería enseñar la palabra de Dios a un grupo de sacerdotes paganos. Los sacerdotes pensaban que el roble era un árbol sagrado, pero el monje quería demostrales que aquello no era verdad. Para que vieran que el roble no era indestructible, taló uno del bosque. El roble cayó al suelo y aplastó todo lo que encontró en su caída. Sólo quedó intacto un pequeño abeto. Así, el abeto se convirtió en el árbol del Niño Jesús.

-¿Te ha gustado? –preguntó el Abeto cuando terminó su historia.

-¡Sí, me ha gustado mucho! Si me explicas otra historia todavía más bonita, te escogeré a ti –dijo Julia.

Entonces el Abeto explicó esta otra historia. La noche que nació el Niño Jesús, todos los árboles se reunieron en Belén para ver al Niño. Los árboles más grandes y frondosos se pusieron delante, y detrás de todo quedó un abeto muy pequeño. El abeto lloraba porque no podía ver nada, y de tanto que lloró cayó una lluvia de estellas. Cuando el Niño Jesús vio la lluvia de estrellas, sonrió. Desde aquella noche, el abeto es el símbolo de la prosperidad en un nacimiento.

-¡Esa historia es todavía más bonita! De acuerdo, te escojo a ti –anunció Julia.

Cuando Julia llamó a sus padres y les enseñó qué abeto quería llevarse a casa, a ellos les extrañó que fuera tan pequeño.

-¿No decías que querías un árbol tan alto que casi tocase al techo? –le preguntaron.

-Si lo adornas bien, un abeto pequeño puede ser tan bonito como uno grande –contestó Julia.

Los padres de Julia le dieron la razón. Además, aquel abeto seguro que cabría en el salón.

1 año en 1 post

30 November 2008

Nada mejor que echar la vista atrás para darte cuenta de que tu blog, aunque no lo pretendas, va por libre. Así que más vale que os advierta: si buscáis un resumen oficial del 2008, no sigáis leyendo. Porque los mondorinólogos suelen hablar de pequeñas cosas, de esos temas que llegan a la actualidad por la puerta trasera.

De entrada, mi blog ni siquiera existía cuando llegó el 2008. ¿Para qué correr? Si la vida acelera, mejor tomárselo con calma. Por eso nació en febrero: en lo más crudo del invierno, cuando todos debatían la retirada de Fidel Castro o la llegada del AVE a Barcelona, mi blog recordaba con nostalgia a los arqueólogos de la vieja escuela que no necesitaban el Google Earth para sus descubrimientos.

En primavera, a mi blog le floreció la vena reivindicativa. Se declaró anti Facebook (todavía sigue en sus trece) y guerrillero de jardín. Obvió las elecciones generales y prefirió hacer campaña por el Año Internacional de la Patata. Y aunque todavía no se hablaba de crisis oficialmente, se desmarcó con dos ideas para mejorar la calidad de vida: darse al downshifting y practicar el jajaja.

Llegó el verano. Mi blog no visitó la Expo de Zaragoza, ni vibró con la Roja en la Eurocopa, ni aplaudió el récord olímpico de Phelps. En vez de eso, se solidarizó con los que curran en agosto y mostró su cara más seria al hablar (apelando, esta vez sí, a la actualidad) sobre la cobertura informativa del accidente de Barajas. Cuando el fin de las vacaciones nos regaló una traumática vuelta al cole y una crisis ya oficial, a mi blog le dio por desmitificar el síndrome postvacacional y explicarnos cómo reírse de los malos tiempos.

Y otoño se acercó con dos protagonistas: la sonrisa de Obama y el cuerpazo (dicen) del Duque. Aunque mi blog apostó por dos héroes alternativos: William, el domador del viento, y The Yes Men, el grupo activista que publicó (dicen) el falso New York Times.

Mi blog va por libre pero, ¿qué queréis que os diga? Me gustan sus pequeñas cosas… Volveré a darle carta blanca en 2009.

El domador del viento

16 September 2008

Ésta es la historia de un niño que pretendía domar el viento. “¿Estás loco?”, le decían en el pueblo, “nadie puede domar el viento”. El niño no les hacía caso: quería que el viento silbara una melodía compuesta por él y estaba decidido a enseñársela. Así que, cada día, el aprendiz de domador se plantaba ante el viento y silbaba su melodía una y otra vez, a ver si así conseguía que éste se la aprendiera de memoria. Claro que el viento, que era un espíritu libre, no atendía a las lecciones del niño; en vez de eso, hacía travesuras con él. Le enredaba el pelo, agitaba el polvo a su alrededor, le hacía cosquillas en la nariz… “Déjalo estar”, le decían en el pueblo, “nadie puede domar el viento”. Pero el niño no se daba por vencido. Seguía silbando su melodía al viento una y otra vez. Hasta que un día, por fin, el viento se la aprendió y la repitió. Nadie en el pueblo volvió a cuestionar las dotes del niño como domador.

Este minicuento está basado en hechos reales: la historia de William Kamkwmamba, un adolescente de Malawi que construyó un molino de viento con la única ayuda de un libro de texto y materiales reciclados. Para cualquier chico del “Primer Mundo” no habría sido más que un simple juego; para William fue toda una hazaña que permitió a su pueblo acceder a la electricidad. Y lo primero que hizo el chico al conseguir electricidad fue dar vida a una pequeña radio que emitía canciones tradicionales.

Podéis leer la historia completa en elpais.com o verla en el documental Moving Windmills. Atención sobre todo a las imágenes del vídeo con las reacciones de William en su primer viaje a Nueva York. Realmente preciosas. Lo mismo que la escena en la que visita un campo de molinos de viento de última tecnología y comparte vivencias con un experto en el tema.

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