18 May 2010
No es el hermano desconocido de James Bond pero podría pasar perfectamente por él. David (Bond, David Bond) es un productor, director y guionista británico que decidió rodar un documental sobre la pérdida de la privacidad en la sociedad de la información. Quería averiguar hasta qué punto el gobierno y las instituciones privadas del Reino Unido mantienen a sus ciudadanos bajo vigilancia. Para ello, se convirtió en protagonista de una misión prácticamente imposible: borrarse del mapa. Así nació Erasing David.
Bond abandonó casa, familia y entorno y se dio a la fuga cámara en mano. Previamente había contratado a la agencia de detectives Cerberus, una de las mejores del Reino Unido, para que le localizara. Su objetivo era permanecer en el más completo anonimato durante treinta días; el objetivo de los detectives, dar con él antes de que transcurriera ese tiempo.
No he visto todavía Erasing David pero el trailer promete. El documental narra tanto las peripecias de David durante su fuga como las estrategias de los detectives para encontrarlo. En su odisea, además, Bond se entrevista con algunas ilustres víctimas de la sociedad de la información, como explica un artículo publicado en elmundo.es.
Más allá de saciar la curiosidad por saber quién ganará el reto, si David o los detectives, el documental plantea una reflexión inquietante: ¿cuánto nos conocen y cómo saben tanto de nosotros? O, planteado de una manera menos paranoica: ¿dónde termina el derecho a la privacidad en la sociedad de la información?
Erasing David se estrenó en cines del Reino Unido y también puede verse (previo pago) por internet. En su web encontraréis más detalles, así como interesantes debates sobre la sociedad de la información y la privacidad de los datos personales.
Está claro: la Espina no va por el documental, sino por las conclusiones que pueden extraerse a partir de éste…
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13 April 2010
Nos dicen que el clima está cambiando y lo admitimos (el tiempo anda loco últimamente, solemos decir); pero, en el fondo, parece que nos importa poco. ¿Conformismo o despreocupación? Nos cuentan que la culpa de ese cambio climático es nuestra y se diría que no nos lo acabamos de creer. ¿Escepticismo o irresponsabilidad? Nos advierten que corrijamos nuestra actitud o acabaremos cargándonos el planeta y parece que damos por hecho que exageran… ¿Inconsciencia o temeridad?
Quizás el problema sea que eso del cambio climático se nos antoja un concepto genérico y muy lejano. Como no percibimos efectos concretos en nuestro día a día, no lo consideramos tan peligroso. Y nos equivocamos. Porque el cambio climático ya tiene graves consecuencias directas en determinadas zonas del planeta. Así nos lo cuenta el informe Señales 2010, elaborado por la Agencia Europea de Medio Ambiente.
Se trata de un interesantísimo análisis sobre cómo está afectando el cambio climático a ciertas poblaciones en diferentes lugares del mundo, obligadas a cambiar su estilo de vida. Incluye casos en primera persona, como el de un pescador turco que ve disminuir progresivamente su medio de sustento, un cazador de focas inuit que debe compaginar su actividad con el negocio turístico o la gente de Sundarbans, en la desembocadura del Ganges, que ha visto desaparecer las islas donde vivía por culpa del aumento del nivel del mar. Vale la pena leer el informe para concienciarse.
Esta vez, la Espina va por nosotros y nuestra falta de respeto por el medio ambiente…
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8 March 2010
Debo confesarlo: aquí la que escribe, desde sus tiempos mochuelos y hasta no hace demasiado, era pesimista hasta la médula. Mi primera reacción ante cualquier problema era hundirme. Después ya sí: reaccionaba, me ponía las pilas e intentaba solucionar el problema; pero el mal trago, de entrada, ya lo había pasado.
Me costó creer que siendo optimista las cosas van mejor. No hablo de secretos universales o de historias semifantásticas sobre imanes que atraen el buen rollo… Me refiero a que las cosas nunca saldrán bien si tú eres el primero en creer que no lo harán, porque no darás ni un solo paso para arreglarlas. Si crees que tienen solución, en cambio, harás lo que esté en tu mano para cambiarlas. Y eso es un buen comienzo.
Ahora intento aplicar el optimismo en mi día a día. Evidentemente, no siempre lo consigo; tantos años ejerciendo de pesimista convencida acaban marcando… Pero por poco que pueda recurro a aquello de que de no hay mal que por bien no venga.
Dicho esto, entraré en materia. Me parece genial la iniciativa Esto sólo lo arreglamos entre todos que ha puesto en marcha la Fundación Confianza (impulsada por el Consejo Superior de Cámaras y por varias empresas) para generar precisamente eso, un poco de confianza, entre la población. Lo cierto es que nos hacía falta un toque de atención para ayudarnos a ver que la crispación no soluciona nada, para recordarnos que al final del túnel siempre hay luz… Y que, si le echas creatividad e iniciativa, la crisis puede llegar a convertirse en oportunidad. Por ese lado, ahí va una Flor.
Pero también hay una Espina que conceder… Y es que tiene delito que haya tenido que ser precisamente una iniciativa privada la que se proponga levantar los ánimos a la población. Que nos invite a buscarnos la vida porque, si no lo arreglamos nosotros, nadie lo va a hacer. ¿Y los políticos, entre tanto, qué? Pues se les ve bastante ocupados haciéndose reproches unos a otros y midiendo sus fuerzas como colegiales en un patio de colegio. Parecen olvidar que ya tienen una edad… Una edad y una responsabilidad.
Está claro que la iniciativa personal es indispensable para hacer frente a esta crisis. Pero no basta. Y ante la falta de compromiso de los responsables para encontrar soluciones no es de extrañar que hayan nacido varios grupos de protesta por la campaña, como explica un artículo en El Mundo. Y es que por mucha confianza que le echemos, si los de arriba no ponen de su parte, no podremos arreglarlo…
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24 January 2010
En algún sitio alguien debe de haber escrito que entrar en el mercado laboral es acceder a participar en un juego de competitividades en el que los más ambiciosos, los más entregados a la causa y, en ocasiones, los menos escrupulosos son quienes consiguen el éxito. Y lo peor es que nos lo creemos. Trabajar más horas que nadie, llegar antes y más lejos que nadie, pasar por encima de más colegas que nadie… Hay quien considera que ésa es la receta para ser el mejor en el trabajo. Y, de rebote, para ser feliz.
Desde los mondorinólogos ya he defendido alguna vez el downshifting (ya sabéis, aquello de priorizar la calidad de vida sobre el éxito profesional) y, a partir de ahora, me declaro también fan absoluta de la filosofía laboral creada por Fred Hartmann. Es el responsable de Vita Needle, una pequeña compañía de Boston dedicada a la fabricación artesana de agujas y cañerías. Lo innovador de su filosofía es que un buen día decidió contratar a jubilados para trabajar en su empresa. Así que ahora la media de edad en Vita Needle ronda los 75 años.
Si miráis algún vídeo sobre la compañía puede que os parezca bastante rancia, con tanta estantería repleta de trastos y tanta maquinaria antigua… Pero lo cierto es que Vita es todo un ejemplo de éxito profesional. Desde que Hartmann implantó su nueva filosofía, el rendimiento de la empresa ha crecido considerablemente. ¿Cómo es posible -podríamos pensar- si la mayoría de los que trabajan allí son viejos? La respuesta es sencilla: por su alto nivel de implicación con lo que hacen. Todos los empleados de Vita acuden allí porque quieren trabajar, porque se niegan a quedarse en casa y sentirse inútiles el resto de su vida.
El ambiente que reina allí es distendido; no hay rivalidades porque nadie quiere demostrar más que nadie. No necesitan hacerlo. Y es que todos tienen su lugar en la empresa. Cada uno organiza su horario como mejor le conviene y tiene libertad para ausentarse de la oficina por asuntos médicos o compromisos familiares. Y parece que así, sin presiones, sin competitividad, se trabaja mucho mejor. Aunque te hayas echado un montón de años a la espalda y la artritis te impida mover los dedos con tanta agilidad como te gustaría. Eso sí, la empresa pide un requisito indispensable a su gente: que sean capaces de subir y bajar a diario los 19 escalones que separan la oficina de la calle. Es el programa de salud implantado por Hartmann…
Vita Needle y sus empleados son los protagonistas de un documental alemán titulado Pensionistas, S.A. que Bertram Verhaag dirigió en 2008. Yo lo descubrí hace algunos días, por eso os hablo ahora de él. El documental muestra el día a día de estos entrañables jovencitos con sobrada experiencia vital (a partir de ahora me voy a andar con ojo antes de describir a alguien como anciano). Y al mismo tiempo reflexiona (y nos hace reflexionar) sobre los prejuicios de una sociedad empeñada en hacernos creer que un jubilado, por el mero hecho de superar los 65 años, deja de ser útil en el mercado laboral y pierde valor frente a cualquier joven.
La Espina de este post va hacia esa sociedad estereotipada y competitiva. Por suerte, hay quien sabe plantarle cara con propuestas alternativas… Y además hacer negocio.
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6 October 2009
Podéis leer en elpaís.es una interesante reflexión de Emma Riverola sobre Facebook y su capacidad ilimitada de guardar nuestros (vuestros, que yo sigo ajena a él) recuerdos, hasta los más insignificantes, hasta los más comprometedores, incluso cuando haya pasado tiempo suficiente como para querer borrarlos de nuestra (vuestra) memoria. La autora compara esa capacidad con la hipermnesia, una rara enfermedad que lleva al que la sufre a recordar absolutamente todo lo que sucede en su vida.
La comparación puede parecer exagerada, pero lo interesante es quedarse con la intención. Riverola nos recuerda que la vida es evolución: lo que nos parece blanco definitivo hoy puede convertirse en negro relativo de aquí a unos años. Y puede que en ese momento no nos apetezca que alguien venga a echarnos en cara ese cambio porque tiene las pruebas, que un día estuvieron colgadas en una red social, o porque fue testigo de nuestro pasado y ha reaparecido tras localizarnos a través de esa misma red social. No se trata de esconderse; se trata de tener libertad para evolucionar como quieras y guardar sólo para ti, si así lo deseas, el pasado que dejas atrás.
El artículo habla también de la necesidad de exhibicionismo social. “El anonimato produce terror, del mismo modo que asusta la soledad”, dice Riverola. Sus palabras dan que pensar… ¿Por qué tenemos miedo a ser diferentes; a expresar una opinión propia, si se sale de lo común, y arriesgarnos a no ser aceptados por el resto?
Echadle un ojo al artículo. Estéis o no de acuerdo con lo que plantea, vale la pena leerlo.
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