mondorinólogos.

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Equilibrio entre flores y espinas

Mentiras piadosas

18 Noviembre 2008

Eso de hacer públicas falsas noticias que imitan perfectamente la realidad tiene gran mérito, aunque puede acarrear consecuencias inesperadas. A Orson Welles, por ejemplo, le dio por dramatizar La guerra de los mundos en forma de noticiario radiofónico, y lo hizo tan creíble que a numerosos oyentes les entró pánico porque creyeron que les atacaban los alienígenas.

Pongamos un caso más reciente: hace pocos días apareció en las calles de Nueva York una falsa edición del New York Times con información sobre acontecimientos que no habían sucedido. Se repartieron más de un millón de ejemplares e incluso apareció una versión online. El gran notición de portada era el fin de la guerra de Irak; a partir de ahí, el falso diario daba cuenta de todo tipo de noticias interesantes, casi todas sobre los Estados Unidos: desde la nacionalización del petróleo y su uso para financiar la lucha contra el cambio climático al acceso gratuito a las universidades públicas.

Los más avispados detectaron al momento que se trataba de una broma, sobre todo cuando vieron que el diario llevaba fecha del 4 de julio de 2009. El resto, al menos durante un rato, quedó perplejo ante lo que sus ojos leían pero no podían creer… Aunque el verdadero New York Times no tardó en denunciar el montaje y asegurar que no era cosa suya.

Sí, de acuerdo, ni punto de comparación entre el asombro que sufrieron los neoyorquinos la semana pasada y el pánico a una invasión extraterrestre que provocó Welles entre sus oyentes. Pero también hay que reconocerles su mérito a los responsables de este falso periódico (dicen que tras la idea anda un grupo de activistas estadounidenses llamado The Yes Men): si lo que querían era proponer iniciativas para mejorar su país y hacer que la gente reflexionara sobre ellas, parece que algo han conseguido. Como mínimo, llamar la atención. Ahora está por ver si alguien se animará a recoger esas iniciativas y ponerlas en práctica…

La faceta Espinosa del post aparece al pensar que es una lástima tener que recurrir a un periódico falso para leer noticias como ésas. Pero también hay dos argumentos para darle la Flor. En primer lugar, una esperanza: quedan ocho meses para la fecha a la que supuestamente corresponden esas noticias; quizás para entonces alguna iniciativa se haya convertido en realidad. Y en segundo lugar, una consecuencia inesperada: dicen que los ejemplares falsos llegaron a costar 30 dólares en la reventa. Al menos alguien pudo sacar provecho del asunto… En tiempos de crisis, toda ayuda es buena.

Síndrome de Estocolmo

2 Septiembre 2008

Inevitable en esta época del año: todos hablan del síndrome postvacacional. Parece que volver al trabajo deprime, y sus efectos no son nada secundarios sino trastornos de primer orden. Tristeza, insomnio, fatiga, dolores musculares, irritabilidad…

¿Tanto hemos disfrutado en vacaciones que ahora no sabemos vivir sin ellas? Venga ya, seamos sinceros. Seguro que el verano no ha sido tan bueno como queremos recordar, y reconocerlo puede ayudarnos a hacer más llevadera la vuelta al curro. Hagamos la prueba: ¿quién no ha encontrado alguna de estas desventajas a las vacaciones?

1. La más tópica, que son muy cortas. Se supone que deben servir para recargar pilas y desconectar de la rutina laboral. Pero, ¿cómo conseguirlo, si necesitamos la primera semana para olvidar el trabajo y la última la pasamos angustiados porque toca volver a trabajar? Por mucho que dejemos de ir a la oficina, los recuerdos del curro siguen dando vueltas en nuestra cabeza. Así que recapitulemos: imprescindible una semana de desintoxicación, otra semana de mentalización… ¿Qué queda de vacaciones reales?

2. Si lo que queremos es relajarnos, ¿por qué nos buscamos un viaje organizado al lugar más remoto posible? Aguantamos estoicamente colas para subir al avión, madrugones, olas de calor, visitas a golpe de pito, indigestiones… Y lo que es peor, lo hacemos todo igual que el resto de turistas: compramos las mismas postales, hacemos las fotos a los mismos monumentos o regateamos con los mismos lugareños para comprar el mismo recuerdo. Al final, acabamos las vacaciones más estresados que cuando las comenzamos y con la sensación de no haberlas disfrutado. Aunque siempre nos quedarán las miles de fotos que hemos hecho, que nos servirán para descubrir, a posteriori, dónde hemos estado.

3. La opción de pasar unos días en el pueblo no es que sea mucho mejor. Más barata sí, pero igual de cara en cuanto a desgaste emocional. Nos obliga, de entrada, a perder dos días: el primero, porque retrasamos nuestro viaje para evitar la operación salida; el segundo, porque coincidimos en la carretera con los millones de coches que han querido evitar, como nosotros, la operación salida. Al llegar al pueblo, toca enfrentarse a la familia. Como no nos ven desde el verano pasado, se creen en la obligación moral de hacernos notar que hemos engordado o envejecido y se empeñan en explicarnos la vida de todos y cada uno de nuestros parientes…

4. Si la crisis nos fuerza a quedarnos en casa por falta de presupuesto, nos hacemos el propósito de aprovechar el verano en la ciudad para realizar actividades que no podemos hacer durante el resto del año. Aunque eso dura poco y acabamos haciendo lo mismo que siempre, pero en chanclas y camiseta de tirantes. Lo malo es que, al no ir a trabajar, tenemos muchas horas libres… Al principio hace ilusión dormir hasta tarde, bajar a hacer el aperitivo al bar de la esquina o salir a dar una vuelta cuando anochece. Pero todo eso acaba aburriendo también. Y la tele no es que ayude demasiado: películas repetidas hasta la saciedad, las aventuras en Ibiza del famoso de turno o Phelps acaparando medalla tras medalla.

5. Murphy (el de las leyes gafes) no cierra por vacaciones. Así que, si algo tenía que ir mal, va mal. Si nuestra intención es dormir, cada noche nos regalan una bonita sesión de obras en la vía pública o un botellón bajo el balcón. Si vamos a la playa, nos atacan las medusas o nos convierten en gambas los rayos de sol. Si viajamos a un pueblo recóndito, sufrimos el mono que provoca estar sin cobertura en el móvil o sin acceso a Internet. Si queremos apalancarnos en el sofá a ver cómo Phelps se lleva el oro, se nos estropea la tele; y a ver quién encuentra un técnico en pleno mes de agosto.

6. Volver al curro tras las vacaciones es volver a la cruda realidad. Nos damos cuenta de que nadie ha estado ahí haciendo nuestro trabajo mientras nos tumbábamos a la bartola, con lo que tenemos sobre la mesa las tareas acumuladas de un mes. Por no hablar de la ristra infinita de e-mails que nos espera… No sabemos por dónde empezar y nos arrepentimos de no haberlo dejado todo planificado antes de marchar, en vez de pasar los días previos a las vacaciones pensando (qué ilusos éramos entonces) en lo bien que lo íbamos a pasar.

¿Alguien se ha sentido identificado con alguno de estos puntos? Pues tiene suerte, porque si llega a la conclusión de que las vacaciones están mitificadas no le resultará tan duro volver al curro.

Claro que, si la terapia del autoengaño no sirve, aún queda otra solución: la terapia del consuelo. Pensar que las próximas vacaciones están prácticamente a la vuelta de la esquina y que nunca es pronto para empezar a planificarlas… ¡Ánimo a todos! ;-)

Después de una tragedia

21 Agosto 2008

Vaya por delante mi pesar por el accidente aéreo de ayer en Barajas. En condiciones normales no habría aprovechado un hecho así para escribir en el blog (ya lo habréis observado, nunca me centro en la actualidad más destacada). Pero, tras dar un repaso a la prensa online y escuchar un editorial en la radio, no me he resistido a lanzarme al teclado con ganas de repartir Espinas a diestro y siniestro.

Indigna ver cómo ciertos medios de comunicación utilizan su mejor retórica para transmitir noticias terribles como la de ayer. Que lo hagan en televisión sorprende menos, especialmente si se trata de conexiones en directo. En cierta manera, no te extraña oír a una reportera destacada en el aeropuerto sentenciando (más que preguntando) al familiar de un pasajero que todavía no tiene noticias sobre éste: “Usted ya ha perdido la esperanza”. Cosas del directo, prefieres pensar, aunque intuyes que, en realidad, más de uno lo hace por una tendencia inherente a buscar el morbo. Sorprende más ver que, un día después del accidente, cuando ya no se puede achacar al directo, algunos resúmenes en radio o prensa se unen a ese sensacionalismo. No hace falta que os lo cuente, a mí me gusta cargar de literatura los posts que escribo; por eso aprecio las noticias que aportan un toque literario a la información, que buscan la originalidad. Pero no en casos como éste. Cuando se habla de una tragedia, no me gusta ver cómo algunos echan mano de la vena literaria para describir el “panorama dantesco” o la consternación de familiares y de testigos del accidente. En estos casos, se diría que muchos afilan sus lápices (o lenguas) para mostrar sus dotes como escritor. Y creo precisamente que en estos casos tendrían que relatar los hechos con la mayor neutralidad posible. Información y punto. Nada de recrearse en detalles morbosos.

Pero claro, es sólo una opinión personal. Puede que yo ande totalmente equivocada y sea justo eso lo que pide el público. Y en este caso, como en todo negocio, de lo que se trata es de vender cuanto más mejor… Aun así, ¿es una excusa legítima?

Vive y ¿deja vivir?

28 Julio 2008

Soy de las que defienden aquello de vive y deja vivir. El mundo funcionaría mejor si todos siguiéramos esa premisa, ¿no creéis? Sí, lo sé, de ilusión también se vive… Por eso, porque esa premisa no es que esté precisamente al orden del día, es necesario que existan normas para evitar que unos vivan mejor a costa de no dejar vivir a otros.

Esas normas suelen estar regidas por el sentido común… casi siempre. Aunque de vez en cuando nos topamos con alguna ley en la que la lógica parece haber sido sustituida por el surrealismo más absurdo.

Hace ya unos meses leí un artículo que he recuperado para la ocasión. Explica que Florida es uno de los estados que cuenta con más leyes surrealistas en los EE.UU.: desde prohibir que las solteras, viudas o divorciadas se tiren en paracaídas los domingos a multar a cualquiera que ate un elefante a un parquímetro sin sacar el ticket correspondiente. El artículo incluye un link a una web que recopila leyes absurdas norteamericanas. Si no queréis tener problemas con las autoridades de turno, ni se os ocurra, por ejemplo, cruzar los límites del estado de Minnesota con un pato en la cabeza, sorber la sopa en New Jersey o fingir que tenéis padres ricos en Washington. Lo mejor de estas leyes no es lo que te hacen reír, sino imaginar el contexto en el que debían de estar sus creadores para llegar a establecer normas tan curiosas.

Que conste que las leyes absurdas no son exclusividad de los estadounidenses. Dicen que en Francia es ilegal llamar Napoleón a un cerdo, y que los taxis londinenses tienen prohibido transportar cadáveres o perros rabiosos. En Japón se ha aprobado recientemente una normativa para combatir el sobrepeso regulando los centímetros que deben medir las cinturas de sus ciudadanos. Y hace cosa de un mes descubrimos la ley de noticias felices en Rumanía, que obligaba a ofrecer el mismo porcentaje de noticias buenas y malas en los medios de comunicación rumanos.

Claro que, en algunos casos, lo de prohibir tiene su jusificación. Lo digo por esa norma que no deja que los padres pongan a sus hijos cualquier nombre que se les antoje, para evitar así ofensas o humillaciones. Eternamente agradecida debe de estar la niña a la que sus progenitores tuvieron la ocurrencia de llamar Talula hace el Hula de Hawai.

Ya lo dice una amiga mía: “Habemos gente pa’ tó”…

Calidad de vida

10 Junio 2008

Lo he leído hoy en elpais.com: la Unión Europea acaba de llegar a un acuerdo para ampliar la jornada laboral por encima de las 48 horas semanales. Se trata de una iniciativa propuesta por Eslovenia y que han aprobado los 27 (con la oposición de España, todo hay que decirlo). Que nadie se asuste: no nos obligarán a trabajar más horas. Lo de aumentar la jornada sería opcional. O al menos eso parece… Cada Estado podría modificar su propia legislación para ampliar horarios y permitir el free choice, un sistema que ya está en marcha en algún país europeo y según el cual cada trabajador puede pactar individualmente su horario laboral con el empresario.

A mí ya me parece bien que cada uno tenga libertad para negociar con su jefe el horario laboral que más le conviene. Siempre dentro de unos límites y en unas condiciones económicas justas, por supuesto. Si uno decide trabajar más horas (y lo hace porque quiere, no por obligación), adelante con su decisión. Pero no puedo evitar darle una Espina a una sociedad que nos crea la necesidad de dedicar tanto tiempo al trabajo.

Ahí va otra noticia publicada en elpais.com hace unos días: prácticamente la mitad de la población actual sufre ansiedad. Sus causas son la competitividad en el trabajo, un ritmo de vida acelerado, la necesidad de consumir… Como explica el artículo, cada vez más gente busca vías de escape a las situaciones de estrés a través del deporte o la meditación. Los hay que radicalizan esa búsqueda del equilibrio y practican el downshifting, una filosofía de vida que surgió hace un par de décadas y que parece tener cada vez más adeptos. ¿La clave? Vivir con menos para vivir mejor.

Los downshifters tienen una visión digamos que minimalista de la vida: voluntariamente, deciden simplificarla. Trabajar menos (aunque eso suponga tener un sueldo menor y reducir su nivel de vida) y disfrutar más. Disfrutar del tiempo libre, de la familia, de las aficiones, de uno mismo. ¿Qué importa si no pueden comprarse el último modelo en televisores de plasma si la vida les compensa con placeres mayores?

Me gusta eso del downshifting… Ante todo, calidad de vida.

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