mondorinólogos.

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Equilibrio entre flores y espinas

La moda de los monosellers

20 September 2009

Hace unos días leí en El Periódico un artículo sobre el fenómeno creciente de los monosellers, esos libros de los que todo el mundo habla y que, por supuesto, todo el mundo lee. Superan con creces la categoría de bestsellers porque no se conforman con vender lo indecible: cuando aparecen en escena, consiguen que cualquier otra novedad literaria quede eclipsada. Con un nuevo Larsson, Rowling o Brown en perspectiva, ¿quién se fija en otros títulos?

El artículo denuncia los efectos negativos que los monosellers provocan en la industria. Las ventas millonarias logradas por estos fenómenos contrastan con el descenso en el volumen de ventas del resto de libros. Ya no se trata sólo de que muchos lectores no tengan ojos para otros títulos, sino que, además, parece que tampoco las librerías dedican el mismo interés a las lecturas alternativas: sus pedidos se reducen para dejar espacio en mesas y estanterías a la apuesta segura de los monosellers.

Otro artículo reciente, publicado esta vez por la revista inglesa The Bookseller, explica cómo, ante la experiencia vivida con el boom de ventas de El Código Da Vinci, muchas editoriales decidieron atrasar sus novedades de septiembre para no coincidir con el lanzamiento de la última novela de Dan Brown. Sabían que The Lost Symbol centraría la atención tanto de la prensa como del público, así que, ¿para qué molestarse?

Lo peor, en mi opinión, no es el canibalismo de los monosellers sobre el resto de novedades. Lo peor es que la literatura se acabe sometiendo, como el vestir, a los dictados de la moda. Que todos acabemos leyendo lo mismo, o paseando el mismo libro camino del trabajo, porque es lo que toca leer. De acuerdo que algunos monosellers responden a las expectativas creadas y cuentan con una gran calidad, pero el interés literario de otros no está a la altura de la espectacular campaña de marketing que los ha dado a conocer. Si leer uno de estos últimos supone perderse la lectura de otro libro menos popular que sí habría valido la pena, mal asunto…

Cabras jardineras

5 May 2009

Mucho trabajo últimamente y poco tiempo para dedicarlo al blog. ¿O eso es sólo una excusa y en realidad me puede una pereza imperdonable? Sea como sea, la Espina de este post me la he ganado a pulso. Autoadjudicada está.

Buscando en la red algún tema sobre el que hablar para salir del paso al menos unos días y poder dormir sin remordimientos, he tropezado con una noticia curiosa. Cuenta Google en su blog (y algunos periódicos lo comentan en sus páginas) que tiene previsto contratar a 200 trabajadores temporales para cortar el césped que rodea al edificio de la compañía. La noticia no llama la atención por el contraste que supone ampliar la plantilla con tanta mano de obra cuando muchas otras multinacionales hacen frente a la crisis repartiendo finiquitos a discreción. Llama la atención porque los nuevos empleados de Google serán cabras. Su trabajo consistirá en hacer lo que mejor saben hacer: comer y cagar. Además de cortar el césped, lo fertilizarán a su paso.

La empresa ha optado por las cabras, asegura, porque cuestan lo mismo que los cortacéspedes mecánicos, pero son más ecológicas y alegran mucho más la vista. Así que la Flor de hoy va para el ingenioso personaje al que se le ocurrió la idea. Y no es ironía: me parece una solución original. Las cabras jardineras no sólo respetan el medio ambiente sino que, como acción de marketing, resultan francamente eficaces.

Música, refrescos y mal rollito

7 December 2008

¿Recordáis el desafío que la marca de refrescos Dr. Pepper le lanzó a Guns N’ Roses a principios de año? Os hablé de ello en un post. En breves palabras: Dr. Pepper anunció que regalaría una lata de uno de sus refrescos a cada estadounidense si la banda de Axel Rose sacaba su disco Chinese Democracy antes de acabar 2008. La compañía montó una interesante campaña de marketing aprovechando el hecho de que Guns N’ Roses llevaba años prometiendo sacar ese disco pero nunca llegaba…

Será porque Axel Rose aceptó el desafío o porque todo acaba llegando, lo cierto es que Chinese Democracy, por fin, ha visto la luz. Y lo ha hecho antes de terminar el año, así que la banda se ha portado. Lo normal sería que ahora Dr. Pepper cumpliera con su parte del trato, regalara los refrescos prometidos y todo acabara en una simpática estrategia publicitaría, ¿verdad? Pues no. Si seguís la historia a través de la revista NME veréis que va camino de convertirse en polémica.

Cuando se enteró de que Gun N’ Roses lanzaba realmente su disco, Dr Pepper confirmó su promesa aunque introdujo una condición: quienes quisieran conseguir su lata gratis deberían registrarse en la web de la compañía durante las 24 horas posteriores al lanzamiento del disco; así recibirían un cupón a canjear por un refresco. El llamamiento tuvo tanto éxito que la web se colapsó y obligó a la compañía a ampliar el plazo de registro para la promoción y habilitar también un número de teléfono. Ahora parece que a Gun N’ Roses no le hace tanta gracia la broma de Dr. Pepper como meses atrás, porque ha puesto el tema en manos de sus abogados por aprovecharse del lanzamiento de su disco para promocionar refrescos gratis.

Tribunales o no de por medio, la historia sigue siendo una buena jugada publicitaria para las dos partes… ¿Los más beneficiados? Los fans de Guns N’ Roses, que podrán disfrutar del nuevo disco de la banda tras 15 años de silencio mientras se toman un refresquito gratis a la salud de Dr. Pepper.

Mentiras piadosas

18 November 2008

Eso de hacer públicas falsas noticias que imitan perfectamente la realidad tiene gran mérito, aunque puede acarrear consecuencias inesperadas. A Orson Welles, por ejemplo, le dio por dramatizar La guerra de los mundos en forma de noticiario radiofónico, y lo hizo tan creíble que a numerosos oyentes les entró pánico porque creyeron que les atacaban los alienígenas.

Pongamos un caso más reciente: hace pocos días apareció en las calles de Nueva York una falsa edición del New York Times con información sobre acontecimientos que no habían sucedido. Se repartieron más de un millón de ejemplares e incluso apareció una versión online. El gran notición de portada era el fin de la guerra de Irak; a partir de ahí, el falso diario daba cuenta de todo tipo de noticias interesantes, casi todas sobre los Estados Unidos: desde la nacionalización del petróleo y su uso para financiar la lucha contra el cambio climático al acceso gratuito a las universidades públicas.

Los más avispados detectaron al momento que se trataba de una broma, sobre todo cuando vieron que el diario llevaba fecha del 4 de julio de 2009. El resto, al menos durante un rato, quedó perplejo ante lo que sus ojos leían pero no podían creer… Aunque el verdadero New York Times no tardó en denunciar el montaje y asegurar que no era cosa suya.

Sí, de acuerdo, ni punto de comparación entre el asombro que sufrieron los neoyorquinos la semana pasada y el pánico a una invasión extraterrestre que provocó Welles entre sus oyentes. Pero también hay que reconocerles su mérito a los responsables de este falso periódico (dicen que tras la idea anda un grupo de activistas estadounidenses llamado The Yes Men): si lo que querían era proponer iniciativas para mejorar su país y hacer que la gente reflexionara sobre ellas, parece que algo han conseguido. Como mínimo, llamar la atención. Ahora está por ver si alguien se animará a recoger esas iniciativas y ponerlas en práctica…

La faceta Espinosa del post aparece al pensar que es una lástima tener que recurrir a un periódico falso para leer noticias como ésas. Pero también hay dos argumentos para darle la Flor. En primer lugar, una esperanza: quedan ocho meses para la fecha a la que supuestamente corresponden esas noticias; quizás para entonces alguna iniciativa se haya convertido en realidad. Y en segundo lugar, una consecuencia inesperada: dicen que los ejemplares falsos llegaron a costar 30 dólares en la reventa. Al menos alguien pudo sacar provecho del asunto… En tiempos de crisis, toda ayuda es buena.

Síndrome de Estocolmo

2 September 2008

Inevitable en esta época del año: todos hablan del síndrome postvacacional. Parece que volver al trabajo deprime, y sus efectos no son nada secundarios sino trastornos de primer orden. Tristeza, insomnio, fatiga, dolores musculares, irritabilidad…

¿Tanto hemos disfrutado en vacaciones que ahora no sabemos vivir sin ellas? Venga ya, seamos sinceros. Seguro que el verano no ha sido tan bueno como queremos recordar, y reconocerlo puede ayudarnos a hacer más llevadera la vuelta al curro. Hagamos la prueba: ¿quién no ha encontrado alguna de estas desventajas a las vacaciones?

1. La más tópica, que son muy cortas. Se supone que deben servir para recargar pilas y desconectar de la rutina laboral. Pero, ¿cómo conseguirlo, si necesitamos la primera semana para olvidar el trabajo y la última la pasamos angustiados porque toca volver a trabajar? Por mucho que dejemos de ir a la oficina, los recuerdos del curro siguen dando vueltas en nuestra cabeza. Así que recapitulemos: imprescindible una semana de desintoxicación, otra semana de mentalización… ¿Qué queda de vacaciones reales?

2. Si lo que queremos es relajarnos, ¿por qué nos buscamos un viaje organizado al lugar más remoto posible? Aguantamos estoicamente colas para subir al avión, madrugones, olas de calor, visitas a golpe de pito, indigestiones… Y lo que es peor, lo hacemos todo igual que el resto de turistas: compramos las mismas postales, hacemos las fotos a los mismos monumentos o regateamos con los mismos lugareños para comprar el mismo recuerdo. Al final, acabamos las vacaciones más estresados que cuando las comenzamos y con la sensación de no haberlas disfrutado. Aunque siempre nos quedarán las miles de fotos que hemos hecho, que nos servirán para descubrir, a posteriori, dónde hemos estado.

3. La opción de pasar unos días en el pueblo no es que sea mucho mejor. Más barata sí, pero igual de cara en cuanto a desgaste emocional. Nos obliga, de entrada, a perder dos días: el primero, porque retrasamos nuestro viaje para evitar la operación salida; el segundo, porque coincidimos en la carretera con los millones de coches que han querido evitar, como nosotros, la operación salida. Al llegar al pueblo, toca enfrentarse a la familia. Como no nos ven desde el verano pasado, se creen en la obligación moral de hacernos notar que hemos engordado o envejecido y se empeñan en explicarnos la vida de todos y cada uno de nuestros parientes…

4. Si la crisis nos fuerza a quedarnos en casa por falta de presupuesto, nos hacemos el propósito de aprovechar el verano en la ciudad para realizar actividades que no podemos hacer durante el resto del año. Aunque eso dura poco y acabamos haciendo lo mismo que siempre, pero en chanclas y camiseta de tirantes. Lo malo es que, al no ir a trabajar, tenemos muchas horas libres… Al principio hace ilusión dormir hasta tarde, bajar a hacer el aperitivo al bar de la esquina o salir a dar una vuelta cuando anochece. Pero todo eso acaba aburriendo también. Y la tele no es que ayude demasiado: películas repetidas hasta la saciedad, las aventuras en Ibiza del famoso de turno o Phelps acaparando medalla tras medalla.

5. Murphy (el de las leyes gafes) no cierra por vacaciones. Así que, si algo tenía que ir mal, va mal. Si nuestra intención es dormir, cada noche nos regalan una bonita sesión de obras en la vía pública o un botellón bajo el balcón. Si vamos a la playa, nos atacan las medusas o nos convierten en gambas los rayos de sol. Si viajamos a un pueblo recóndito, sufrimos el mono que provoca estar sin cobertura en el móvil o sin acceso a Internet. Si queremos apalancarnos en el sofá a ver cómo Phelps se lleva el oro, se nos estropea la tele; y a ver quién encuentra un técnico en pleno mes de agosto.

6. Volver al curro tras las vacaciones es volver a la cruda realidad. Nos damos cuenta de que nadie ha estado ahí haciendo nuestro trabajo mientras nos tumbábamos a la bartola, con lo que tenemos sobre la mesa las tareas acumuladas de un mes. Por no hablar de la ristra infinita de e-mails que nos espera… No sabemos por dónde empezar y nos arrepentimos de no haberlo dejado todo planificado antes de marchar, en vez de pasar los días previos a las vacaciones pensando (qué ilusos éramos entonces) en lo bien que lo íbamos a pasar.

¿Alguien se ha sentido identificado con alguno de estos puntos? Pues tiene suerte, porque si llega a la conclusión de que las vacaciones están mitificadas no le resultará tan duro volver al curro.

Claro que, si la terapia del autoengaño no sirve, aún queda otra solución: la terapia del consuelo. Pensar que las próximas vacaciones están prácticamente a la vuelta de la esquina y que nunca es pronto para empezar a planificarlas… ¡Ã?nimo a todos! ;-)

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