De Dachau a Venecia
12 May 2008Sé muy poquito de arte; por eso me he apuntado a un curso que te lleva a ver diferentes exposiciones en Barcelona con una persona entendida como guía. La semana pasada visitamos una exposición sobre Zoran Music en la Pedrera. No sé si fue porque nuestra guía particular nos explicó con todo detalle la vida de este pintor de origen esloveno, sus influencias, sus estados de ánimo… Lo cierto es que me fascinó. Y eso que no era una exposición fácil.
Intentaré resumir lo que nos contó nuestra guía, que se note que aproveché la lección. Zoran Music (1909-2005) es un pintor de prestigio internacional, aunque no demasiado conocido por el público. Quizás porque nunca siguió las modas artísticas de la época; y también porque su obra es muy dura de asimilar. Music pintaba su propia realidad.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Zoran estuvo encerrado en el campo de concentración de Dachau: eso marcó su vida, su arte y su forma de entender el mundo. Allí se las ingenió para dibujar, a escondidas, la realidad que le rodeaba. No lo hacía para dejar testimonio de lo que sucedía, sino más bien como una forma de mantenerse cuerdo entre tanto horror.
Cuando salió de Dachau, Music vivió en Venecia. Esta ciudad también marcó su vida y su obra; de ahí el título de la exposición (y de este post). En los años 70, los fantasmas de Dachau volvieron a Music. Y es esa etapa de su obra la que más me fascinó… Zoran empezó a pintar cadáveres, montañas de cadáveres, en una serie que tituló No somos los últimos. Pero su pintura no es macabra sino más bien poética; a mí me transmitió soledad, no sé, tristeza infinita. Music muestra en esta serie la inutilidad de las guerras y el desamparo existencial. La anécdota sobre por qué la tituló así lo dice todo: estando en Dachau, Zoran y un amigo pasaron frente a la chimenea del horno crematorio. El amigo dijo algo así como: “En el futuro, esto no volverá a suceder. Somos los últimos que veremos algo así”. Décadas después, viendo cuántos conflictos había en el mundo, Zoran entendió que no serían los últimos, que la violencia sin sentido no acabaría.
No importa si entiendes poco de arte: los cuadros de Zoran Music te cautivan. Te hacen reflexionar. Además de sus cuadros, me quedo con otras dos cosas de la exposición:
- La figura de Ida Barbarigo, la mujer de Zoran. Music no era un personaje fácil, y encontró en Ida (también pintora) el contrapunto que necesitaba. Era la única que entraba en su estudio, la única a la que retrató (además de pintar autorretratos). Zoran decía: “Yo soy Dachau, ella es Venecia”.
- Poco antes de visitar nosotros la exposición, acudió una escuela con niños de seis años. Me pareció buena idea para hacer que vayan tomando conciencia de la realidad; pero no pude imaginar cómo enfocarían profesores y guías una exposición tan dura… Investigando para el post vi que la Pedrera tiene un programa infantil, La Pedrera Educació. En su web incluyen un minisite sobre Music para los más pequeños.
Si estáis en Barcelona esta semana, no os perdáis la exposición. Estará en la Pedrera hasta el 18 de mayo.