mondorinólogos.

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Equilibrio entre flores y espinas

De madrugada

26 Febrero 2008

Hay quien abre el baúl de los recuerdos y encuentra una manta de la abuela, fotos en sepia o una colección de cromos de cuando era crío. En mi baúl he encontrado varios cuentos escritos hace años. Aquí os dejo uno: probablemente presentado sin éxito a algún concurso…

 

De madrugada

Ocurrió de madrugada. Desperté sobresaltada y me asusté al no ver a mi marido durmiendo junto a mí; hasta que recordé que nunca me había casado, y eso me tranquilizó en cierto modo. Busqué a tientas el interruptor de la lámpara sobre mi mesita de noche. Como no lo encontraba opté por buscar primero mis gafas, pero en el intento topé con el interruptor y encendí la luz. Así pude ver las gafas. Me las puse. Todo parecía en orden en la habitación, aunque algo me inquietaba: sentía mi garganta seca. Me levanté y fui hacia la puerta. No había nadie más en casa, y aun así procuré no hacer ruido. Avancé por el oscuro pasillo con cautela. Podía oír mi corazón latiendo con fuerza; o quizás fuera el reloj que heredé del abuelo, marcando segundos desde el salón. Entré en la cocina. Abrí la nevera, cogí la jarra de agua y llené un vaso. Después cerré la nevera y… nadie apareció escondido tras la puerta. Bebí el agua de un trago, como si mi vida dependiera de ello. Luego dejé el vaso en el fregadero y salí de la cocina. Recorrí el pasillo a toda prisa hasta mi habitación; me metí en la cama, me quité las gafas y las dejé en la mesita. Apagué la luz y me cubrí con la sábana hasta el cogote. Entonces pensé que debía dejar de ver películas de terror mientras durmiera sola. O al menos dejar de acompañarlas con palomitas y pasarme a los bombones, que dan menos sed.

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