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Equilibrio entre flores y espinas

El becario

21 Abril 2008

Ahí va un cuento escrito y olvidado hace tiempo que acabo de rescatar:

 

El becario

La playa reclamaba atención: una luz roja se encendió en el supremo panel de control indicando que algo fallaba en aquella zona. El Becario observó la inmensa maqueta divina que reproducía la bola del mundo en busca de la nueva emergencia, la tercera en diez minutos. Primero fue un dominguero, a punto de provocar un incendio en el terreno de sus suegros por su poca maña con la barbacoa. Poco después, un autocar repleto de jubilados amenazaba con averiarse en el tramo más desolado de una carretera local. Ahora dos guiris sedientos de sol corrían el riesgo de mutar de gambas frescas a pescaíto frito al quedarse dormidos sobre la arena. No estaba mal para su primer día de trabajo. Y se suponía que en verano nunca pasaba nada.

Otra lucecita cobró vida en aquel panel del demonio. Dicen que los ángeles no tienen sexo, aunque el Becario notó cómo se le ponían por corbata las bolas celestiales. Tenía que actuar cuanto antes para evitar alguna de aquellas tragedias pero no conocía el orden de prioridades. Y el Jefe, de vacaciones donde Cristo perdió el gorro y con el bendito móvil fuera de cobertura. Si al menos le hubiera dejado el todopoderoso manual de instrucciones…

Resignado, cerró los ojos y comenzó a mover el dedo en círculos etéreos. Elegiré un punto a ciegas; a quien le toque será al que salve, se dijo. Y que sea lo que Dios quiera.

1 respuesta a “El becario”

  1. Comentario nº 1 por Yago

    jajajajajaja, que bueno!
    Y.

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