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Equilibrio entre flores y espinas

Yo no soy de Facebook

28 Abril 2008

¿Recordáis Titanic, la película de James Cameron? Fue todo un fenómeno cuando se estrenó. No sé cuántos espectadores tuvo, pero recaudó más de 1.800 millones de dólares y pasó a ser el film más taquillero de la historia.

Os estaréis preguntando a qué viene esta introducción si el título del post habla de Facebook, ¿verdad? Ahí va la relación: cuando se estrenó Titanic, me negué a verla. Todos me hablaban de ella, pero aun así me resistí a ir al cine porque me daba una pereza enorme ver al DiCaprio y a la Winslet en una superproducción que imaginaba plagada de efectos especiales y canciones cursis. Y algo similar me ocurre ahora con Facebook: todo el mundo pertenece a ese club virtual, tiene amigos allí con los que intercambia información o sabe Dios a qué se dedican. Y por mucho que insistan en que me apunte, yo me niego.

Vaya por delante que no tengo nada contra las vías de comunicación virtuales. Cómo iba a tenerlo, ¡si escribo en un blog! Pero los clubs virtuales me dan pereza; o mejor dicho, algunos clubs. Me parecen geniales las redes sociales cuando ayudan a poner en contacto a personas que viven alejadas y quieren compartir una afición o conocimientos profesionales. De hecho, dicen que son este tipo de redes sociales especializadas las que triunfan: las que reúnen a fans de series, amantes de las catas de vino, dueños de mascotas… Incluso leí hace tiempo que Spielberg estaba preparando una red social en la que compartir experiencias paranormales.

En esos casos, nada que objetar. Pero no me convencen las redes sociales cuando sustituyen el contacto cara a cara. Que amigos que viven a 15 minutos se acostumbren a entrar en la red para dejar por escrito las novedades de su vida o colgar las fotos del fin de semana, en vez de citarse en un bar, tomarse algo juntos y echarse unas risas: eso es lo que no me gusta. Será más cómodo, pero mucho más impersonal. 

Unas amigas han creado un club de lectura recientemente. Cuando me lo comentaron, me apunté sin dudarlo. Es una forma de obligarme a leer con regularidad, conocer varios puntos de vista sobre una misma lectura, descubrir libros que quizás yo no hubiera elegido nunca… Claro que todo eso podríamos hacerlo a través de mails. Lo que da encanto a la idea del club es el hecho de reunirse en un pequeño bar, una tarde de domingo al mes, y comentar el libro de turno ante una taza de té. Por lo visto, los clubs de lectura están de moda en Barcelona: puede que la literatura sea más que nada una excusa para reunirse…

No descarto que en el futuro baje del burro y me apunte a Facebook. Al fin y al cabo, acabé cediendo con Titanic y un buen día la vi por televisión. (Se confirmaron mis sospechas: la película no me gustó un pelo.) Quién sabe. Por el momento, me quedo con el club de lectura y el contacto con amigos de carne y hueso.

2 respuestas a “Yo no soy de Facebook”

  1. Comentario nº 1 por Yago

    Pues no sé si los genes tendrán algo que ver, pero yo aún resisto sin ver Titanic! (y tampoco el Guardaespaldas)… eso sí, confieso que he visto 8 veces “Colega dónde está mi coche”… así que antes cultivador de remolachas que crítico de cine…

    Por cierto: Face…. ¿¿¿que????
    ;-)

    Y.

  2. Comentario nº 2 por sylf

    Me reconozco no usuaria de Facebook y a mucha honra porque no hay nada como cierta falta de pedigrí virtual (vale, estoy en myspace, que una no es de piedra!). Ah, y como los DDiz, tampoco he visto Titanic!
    ¿Y tú, con las gafas?
    :D

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